¡Ni un sexenio más!

[Publicado el 10 de junio de 2020 en Reforma]

Desde fines del siglo XX se ha insistido en políticas públicas para la educación en línea, pero nada logró situarlo tan potentemente como el COVID19. Programas y proyectos siempre han existido, pero la inmensa mayoría han fracasado por cuestiones administrativas, falta de inclusión, capacitación insuficiente, problemas administrativos y con proveedores, falta de continuidad, etcétera. Si no queremos otro sexenio perdido en educación, debemos poner manos a la obra ya.

1. Ciclo Escolar. Tenemos que hacer lo que se pueda, con lo que se tiene. El México de los miles de Méxicos en educación es más palpable hoy. Según el nivel educativo, hay necesidades distintas (no es lo mismo preescolar que nivel superior), pero los retos son muy parecidos: falta o insuficiencia de conectividad, de equipos, de habilidades digitales, de modelo educativo de calidad y con multi-herramientas digitales adecuadas.

En el mundo ideal con apoyo de plataformas digitales se podría hacer un diagnóstico de cada alumno, para identificar áreas que precisan nivelación y darle los cursos/actividades a realizar. Difícil de alcanzar para el nuevo ciclo escolar, pero el objetivo debe ser que la educación pública auxiliada de herramientas tecnológicas y teniendo a los docentes como pilar fundamental, logre esto en el menor tiempo posible.

2. Lo que no es. Educación en línea no es tener clases por videoconferencia, contar con libros digitales y enviar tareas por email. ¡No! Necesitamos un nuevo modelo que comprenda el proceso cognitivo en línea, la atención efectiva del alumno, el balance con trabajo fuera de línea, el nuevo rol del docente en el modelo en línea, la utilización de herramientas que faciliten la interacción y el aprendizaje, y que se pueda evaluar a los alumnos y proveer nivelación a quien lo necesite. Además, debe ser incluyente para que todos, con o sin discapacidad, viviendo en área urbana o rural, teniendo o no recursos económicos, puedan tener educación de calidad en línea.

3. Resistencias. Éstas pueden venir de muchos frentes como la industria editorial, las escuelas privadas y los docentes. Es cierto que los maestros nos resistimos al cambio y puede ser por muchas razones tales como la soberbia, el confort, la falta de tiempo y -¿por qué no?- el miedo. Reconocer, aceptar y capacitarnos es un camino necesario.

4. Planeación y presupuesto. La situación de la educación en línea en México parece estar bien diagnosticada y personalidades expertas para lograrlo están dentro y fuera del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. La política pública que debe encabezar el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, con la participación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a cargo de Javier Jiménez Espriú, la Secretaría de Cultura que encabeza Alejandra Frausto y el CONACYT que dirige María Elena Álvarez-Buylla, necesita planeación y presupuesto suficiente que debe ser autorizado por la Cámara de Diputados, de lo contrario está destinada al fracaso.

Además, desde el punto de vista tecnológico -quizá el menos complejo dentro de los retos-, están aprovechar la Red Nacional de Educación e Investigación, acercar los contenidos a la población colocándolos en IXPs, servidores y la nube para evitar la congestión y ralentización, establecer alianzas estratégicas con el sector empresarial y el de investigación, etcétera.

Finalmente, pensar que estamos preparados para la educación en línea por haber incursionado por la pandemia a clases través de la televisión, internet, redes sociales y otras herramientas tecnológicas, es iluso. En cambio, planear, diseñar el nuevo modelo educativo, capacitar y prever mecanismos de evaluación, es construir en terreno firme. La educación de calidad, incluyente y accesible es lo que puede llevar a México al camino de la igualdad, si no, se seguirá perpetuando el abismo lacerante de los que sí acceden a educación de calidad y los que no.

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