Datos, el mayor activo

[Publicado el 6 de noviembre de 2019 en Reforma]

Dispositivos tecnológicos que monitorean nuestra frecuencia cardiaca, la actividad que realizamos, las calorías que consumimos y el tiempo de sueño, se ofrecen como una alternativa para tener una vida saludable. La cantidad de datos personales que esto genera es significativa. Google recién anunció su intención de adquirir por 2,100 millones de dólares a FitBit, una empresa que a través de relojes monitorea aspectos de la salud de quien lo porta, además de haber creado una comunidad en la que los usuarios comparten experiencias y hacen retos, con lo cual FitBit representa una mina de oro en cuanto a datos personales a pesar de que Google ha dicho que la adquiere para fortalecer su división de hardware y que no utilizará los datos personales para publicidad, ¿será?

Datos, el poder. En el mundo digital hay dos activos fundamentales: los datos y la atención del consumidor. Los datos pueden ser aportados voluntariamente por los usuarios, observados por la plataforma o resultado de inferencias de ésta. Los datos pueden ser personales o no. La atención del consumidor se logra con contenidos que le son atractivos y, para lograrlo, los datos de los consumidores son esenciales. Los ciudadanos de a pie no sabemos realmente cuánto valen nuestros datos, pero en EUA si se aprueba el proyecto de ley Dashboard Act las empresas de tecnología tendrían que declarar el valor anual que representan los datos personales de los consumidores, con lo que se dimensionaría su magnitud.

Ecosistemas. Pocos ecosistemas controlados por unos cuantos con grandes plataformas de servicios y dispositivos (p. ej. celulares) que se complementan, se vinculan con técnicas como el “acceso único” (single log-in) que facilita al usuario para que a través de una sola cuenta y contraseña, entre al ecosistema. La pregunta es, ¿podrá salir de éste? Las tecnológicas globales buscan retener a sus usuarios –como lo haría cualquier empresa tradicional-, la diferencia es que en el mundo digital existe un elevado incentivo a permanecer en un ecosistema grande (beneficios de externalidades de red), el costo de cambiarse puede ser alto en términos de la información que ya está en el ecosistema que puede atar al usuario (lock-in) y además los ecosistemas buscarán entrar en nuevos nichos de mercado para crecer a nuevos horizontes como el caso FitBit/Google.

Competencia. Muchos servicios en el mundo digital son gratuitos, por lo que el precio y metodologías como el monopolista hipotético tan utilizado en asuntos de combate a monopolios, deja de ser importante. El mercado relevante previsto en la Ley Federal de Competencia Económica pudiera ser insuficiente para delinear mercados de ecosistemas digitales e identificar posibles daños al consumidor y a la competencia. Reconociendo el valor de los datos en la era digital, existen apuestas al diseño de nuevas técnicas para limitar el poder de los grandes conglomerados tecnológicos que controlan ecosistemas como el permitir la interoperabilidad, compartición o la portabilidad de datos. Esta última ordenada en la Unión Europea a través de las normas de protección de datos personales (Reglamento General de Protección de Datos o GDPR). También un remedio podría ser un multi-homing obligatorio que permitiría que el usuario pudiera acceder a múltiples ecosistemas y redes de manera simultánea.

¿Autoridad Competente? Las fronteras entre leyes de competencia, privacidad y protección al consumidor se desdibujan, y con ello los ámbitos de competencia e interacción de autoridades como la Comisión Federal de Competencia Económica que preside Jana Palacios, el Instituto Federal de Telecomunicaciones a cargo de Gabriel Contreras, el Instituto Nacional de Acceso a la Información que dirige Francisco Javier Acuña y la Procuraduría Federal de Protección al Consumidor que encabeza Ricardo Sheffield. ¿Se establecerán políticas interdependientes o serán feudos competenciales?

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