No equidad, sí impunidad [Publicidad oficial]

[Publicado en Reforma el 11 de abril de 2018]

Patético el proyecto de Ley General de Comunicación Social aprobado por la Cámara de Diputados ayer. Es un proyecto que pareciera del México de hace 3 décadas, con toda la discrecionalidad para la Secretaría de Gobernación federal y equivalentes estatales, sin definir cómo se cumplirá con la equidad en la distribución publicitaria, sin régimen de rendición de cuentas que pudiere ser eficaz, sin sanciones, sin mecanismos ciudadanos de denuncia. ¿Cómo le hicieron para aprobar algo tan deficiente?

Segob dixit. El proyecto recoge el modus operandi actual y lo plasma en ley, lo que incumpliría con lo básico de una sociedad democrática y lo resuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Segob expedirá los lineamientos que deben seguir junto con lo que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público señale; Segob establecerá los criterios para seleccionar a los medios que recibirán recursos para publicidad oficial; Segob evaluará y autorizará los planes anuales de comunicación social; Segob tendrá el Padrón Nacional de Medios.

Tiempos. Al menos 3 iniciativas en el Senado (D. Padierna, L. Sánchez y del Partido del Trabajo), prevén una prohibición para adquirir más tiempos en radio y TV después de agotados los tiempos oficiales, en cambio el proyecto permite los “tiempos comerciales”. Si existe una planeación adecuada, los entes públicos deben ceñirse a los tiempos oficiales y para casos de emergencia, la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión ordena que gratuitamente se difundan los boletines de cualquier ente público. Sin embargo, el proyecto establece que se puedan contratar comercialmente en casos de emergencias. Más aún, nada de tiempos oficiales para las entidades federativas, ¿por qué? ¿Para que éstas sigan siendo clientas de los radiodifusores con cargo al erario?

Discriminación. Para que la discriminación a personas con discapacidad y a indígenas no se vea tan evidente, el proyecto dice que “procurará” que la comunicación del gobierno sea accesible a personas con discapacidad y que la que sea para comunidades indígenas “procurará” que sea en lengua indígena. La “procuración” que tiene el proyecto es una discriminación injustificada, una negación del derecho a la información de las personas con discapacidad e indígenas.

Impunidad. El esquema de impunidad del proyecto es vulgar: no existe una sanción prevista en la ley; en caso de infracción se informa al superior jerárquico quien puede o no presentar una queja en su contraloría. Ausentes en el proyecto son: un mecanismo de denuncia ciudadana; un proceso sencillo y expedito de suspensión y remoción de publicidad oficial; una sanción tanto para servidores públicos como para medios de comunicación que sean cómplices de violaciones a la ley. Tampoco existe participación ciudadana o un consejo o comité como lo proponen varias iniciativas en el Senado. Ojalá el Senado revierta este proyecto de ley, deseche en su integridad, porque nada bueno tiene.

Disfraz. Ya con una ley piensan que se resuelven las incidencias negativas al derecho a la información y libertad de expresión de la sociedad, pero no basta con una ley en sentido formal. El contenido de la publicidad oficial debe ser congruente con una sociedad democrática, en cambio el proyecto disfraza lo que en España está prohibido de logros de la administración como “comunicar programas y actuaciones públicas” y en darle la vuelta al artículo 134 constitucional al decir que sólo está prohibida la promoción de servidores públicos cuando sea destacarlos “de manera personalizada”. Nada hay en el proyecto que obligue a que los contenidos sean de información relevante, comparable y comprensible para la sociedad. Peor aún, equiparan una contratación de publicidad oficial a la adquisición de lápices, ¡vaya pues!

Libro. El 17 de abril a las 11am en el CIDE presentarán mi libro Telecomunicaciones y Radiodifusión en México los comisionados del IFT María Elena Estavillo y Gabriel Contreras, y las investigadoras Judith Mariscal y Eileen Matus.

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