Profeco y Cofepris, en falta [Publicidad y uso de testimoniales y figuras públicas]

[Publicado en Reforma el 12 de octubre de 2016]

“Este shampoo deja mi cabello espectacular”, “Esta crema para peinar ayuda a decir adiós al molesto cabello esponjado”, escuchamos decir a personalidades como Andrea Legarreta con un cabello fantástico y al comprar esos productos nos damos cuenta que no nos queda como a Andrea. ¿Realmente los usó? Aun cuando los haya usado, ¿su maravilloso cabello es fruto del shampoo anunciado o más bien de un buen peinador y de tratamientos costosos para el cabello?

Cicatricure crema anunciada por Adela Micha, ¿en verdad “puede cambiar la edad de nuestra piel?” Esa afirmación, ¿estará sustentada por verdaderos estudios clínicos o será sólo de estudios a modo hechos o contratados por el fabricante? Si Ruiz Healy anunció productos contra la calvicie, ¿los probó? ¿Su abundante cabellera se debe al producto o a su genética? ¿Se engaña al público?

En EUA existe un principio básico en materia de publicidad: no engañar. Aun cuando este principio está en diversas leyes en México, su efectividad está en duda en parte por la omisión de las autoridades como la Procuraduría Federal de Protección al Consumidor y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

No es ciencia oculta lo que hace la Federal Trade Commission (FTC) en EUA, simplemente exige que: lo que una figura pública o un consumidor diga dentro de la publicidad refleje honestamente su pensar; si dice que usó un producto, así debió ser; si se dice que el uso del producto tendrá como consecuencia algo, es porque ello tiene sustento en evidencia científica, comprobable y respecto de una muestra representativa. ¿Qué pasa si lo anterior no se cumple? Serán responsables tanto el anunciante como el que da el testimonio y el comunicador, sin importar si éste sólo está leyendo el script.

La FTC es tajante al decir que para proteger a los consumidores son inútiles e ineficaces incluir en la publicidad frases como “Resultados no típicos” o “Testimoniales basados en pocas personas y pueden no tener resultados similares”. En cambio, nuestra flamante Profeco permite que se incluya una frase de “la veracidad no ha sido comprobada ante la autoridad competente” y con eso se queda tranquila. ¿Cómo desmuestra que protege al consumidor con eso y desvirtúa las investigacioes y estudios de la FTC en la materia?

Warner Bros fue recientemente sancionada por la FTC por quebrantar el principio de transparencia que exige que expresamente se diga al público cuando un anunciante pagó a una persona por pronunciarase en determinado sentido. Warner Bros contrató a una agencia de publicidad para anunciar un nuevo videojuego a través de comentarios de personas de influencia en ese sector. A éstas se les pagó por dar comentarios positivos y aun cuando sí se decía en la letra chiquita en los posts en YouTube, Twitter y Facebook que habían recibido una contraprestación, la FTC consideró que no se puso de manera “clara y notoria” el patrocinio que Warner Bros había hecho. Los cargos de la FTC fueron por engañar a los consumidores y llegaron a un convenio en el que Warner Bros incluso debe educar a las agencias de publicidad y personas que contrate para dar opiniones. Si se diera este caso en radio o televisión abierta, ¿haría algo el Instituto Federal de Telecomunicaciones?

Y aunque el mundo del internet parece ajeno al cumplimiento de la ley, la FTC sancionó a Phony Doctor por dar certificados a sitios web de productos que habían sido evaluados por médicos, así como por engañar al público cuando colocaba en blogs y páginas de internet de estilos de vida y salud, publicidad disfrazada de comentarios independientes. De la publicidad disfrazada de opinión independiente, se sancionó por engaño. En cuanto a la evaluación de médicos la FTC tras su investigación identificó que los productos sólo eran revisados por 2 médicos no especialistas que hacían un análisis de la página de internet del producto y con el certificado engañaba a los consumidores. En México, basta con navegar en internet para identificar muchos anuncios -de lo que parecen productos milagros- y que dicen expresamente que cuentan con la “autorización de Cofepris”, ¿qué ha hecho Cofepris al respecto?

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